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El pánico puede dejar de limitar tu vida

Un ataque de pánico puede sentirse como una emergencia. El corazón se acelera, falta el aire, aparece mareo y surge una idea aterradora: “Me va a pasar algo”.

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Después, la crisis termina. Pero a veces queda un miedo que empieza a organizar toda la vida: el miedo a que vuelva a ocurrir.

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Afortunadamente, el pánico tiene tratamiento. Y podemos trabajar para que recuperes tu libertad.

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¿Qué es el trastorno de pánico?

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Un ataque de pánico es un aumento brusco de miedo o malestar intenso, acompañado de sensaciones físicas como palpitaciones, temblor, sudoración, falta de aire o mareo. También puede aparecer miedo a morir, desmayarse o perder el control.

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Tener un ataque aislado no significa necesariamente tener un trastorno de pánico. Hablamos de este trastorno cuando hay ataques inesperados que se repiten y luego aparece una preocupación persistente o cambios importantes en la conducta para evitar nuevas crisis.

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La evaluación también permite distinguir estos síntomas de otras condiciones. Si las molestias físicas son nuevas o diferentes de las habituales, corresponde una evaluación médica.

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¿Y qué es la agorafobia?

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Es el miedo a estar en situaciones donde escapar o recibir ayuda se siente difícil si aparece una crisis o un malestar intenso.

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Viajar en metro. Hacer una fila. Ir al supermercado. Alejarse de la casa. Salir sin compañía.

La persona empieza a evitar esos lugares o solo se atreve a ir bajo ciertas condiciones: acompañada, cerca de una salida o con una ruta de escape preparada.

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El pánico y la agorafobia pueden aparecer juntos, aunque también pueden presentarse por separado.

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¿Por qué el miedo se mantiene?

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Imagina que estás en una fila y notas que tu corazón late más rápido. Piensas: “Voy a perder el control”. Esa interpretación aumenta el miedo, y el miedo acelera todavía más el corazón.

Entonces sales del lugar. Sientes alivio.

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Ese alivio refuerza el escape.

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La próxima vez, la fila parece todavía más amenazante. Además, empiezas a vigilar el cuerpo para detectar cualquier señal de una nueva crisis.

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Así, las sensaciones, el miedo a esas sensaciones y la evitación se alimentan entre sí. Poco a poco, la vida se va haciendo más pequeña.

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Para cambiar el problema, tenemos que cambiar ese aprendizaje.

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¿Cómo se trata?

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La Terapia Cognitivo Conductual es uno de los tratamientos de primera línea para el pánico y la agorafobia. Un componente central es la exposición.

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Primero comprendemos lo que ocurre durante las crisis: cómo se activa la ansiedad, qué interpretaciones aumentan el miedo y qué haces para intentar sentirte a salvo.

Después trabajamos en dos áreas.

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Las sensaciones del cuerpo. Mediante ejercicios planificados y adecuados a tu salud, practicamos el contacto con sensaciones que se han vuelto amenazantes. Esto se llama exposición interoceptiva. Su propósito es aprender a experimentarlas sin interpretarlas automáticamente como una catástrofe.

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Las situaciones que has dejado de enfrentar. Construimos pasos concretos para volver a los lugares y actividades que estás evitando. Al mismo tiempo, reducimos las conductas de seguridad que mantienen la idea de que solo puedes estar allí si algo te protege.

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Los ejercicios se acuerdan contigo. Sabes qué estamos haciendo, para qué sirve y cómo vamos a evaluar el avance.

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Con la práctica, las sensaciones pierden su poder para decidir lo que haces.

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Los medicamentos también son una opción efectiva. Evaluamos si conviene complementar el trabajo con atención psiquiátrica según tu situación y tus preferencias.

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¿Qué buscamos con el tratamiento?

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Queremos que puedas volver a viajar, salir, trabajar y estar donde necesitas estar. Que recuperes independencia. Que pases menos tiempo vigilando tu cuerpo y más tiempo viviendo.

El progreso se ve en esas experiencias concretas. En cada lugar al que vuelves y en cada decisión que recuperas.

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Da el primer paso

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Tu vida puede volver a ser más grande que tu miedo.

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Agenda una evaluación y comencemos a trabajar en lo que quieres recuperar.

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Agendar una evaluación

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